The Elephant’s Journey

It has taken me almost a year to be able to face reading the adventures that Solomon the elephant experienced in his travels from Lisbon to Vienna. It Has not been because it is about an elephant, or due to the story itself. It was because as I started reading the book a year or so ago, I heard the news that its author had died. I had since then, consciously or not, avoided reading anything by Dom José Saramago. I just couldn’t… Maybe it is now time to come to terms with it.
Wait for me Solomon, wait for me…

This England

This royal throne of Kings, this scepter’d isle,
This earth of majesty, this seat of Mars,
This other Eden, demi-paradise,
This fortress built by Nature for herself
Against infection and the hand of war,
This happy breed of men, this little world,
This precious stone set in the silver sea,
Which serves it in the office of a wall,
Or as a moat defensive to a house,
Against the envy of less happier lands,
This blessed plot, this earth, this realm, this England,…

The Tragedy of King Richard II, Act 2 Scene 1
William Shakespeare

Saramago…

That’s it! I don’t think I will be able to concentrate for the rest of the day. I have just heard the terrible news that José Saramago, the great Portuguese writer and Nobel Laureate has passed away.
It is indeed a terrible loss as we will no longer be able to get new and fascinating stories from his pen, but we have a great deal to read from his books and essays. We can indeed read and re-read those wonderful books such as “Blindness” or “All the names” and be able to let him take us in unimaginable tangential routes to discover yet an extra piece of our own soul, of our humanity.

For me Saramago is one of those writers that takes you by the hand and does not let you go, or rather you do not want to let go. His style might seem to be a bit difficult to grasp, particularly with those page-long sentences without punctuation, however, once you manage to break the seemingly hard skin, you find that inside a ripe, juicy story is waiting to satiate your hunger for compelling and great ideas.

I will never forget reading for the first time “Blindness” or “Enssaio sobre a ceguera”. I found myself immersed in that strange whiteness and I still can’t believe how he managed to write the book without giving names away. Furthermore “Seeing” or “Enssaio sobre a lucidez” was a pleasent surprise, as I was already familiar with the Doctor’s wife. I also remember watching the film and although the Dog of Tears was not as I envisaged, the rest was almost perfect. Saramago himself said, with tears in his eyes, that that was exactly how he imagined it.

By far, one of my favourite books is “The Double” or “O homem duplicado”, how much I laughed with the story of Tertuliano Maximo Afonso and Maria da Paz. It became some sort of soap opera for me, I could not get enough. I kept on nodding as I read “The gospel according to Jesus Christ” or “O evangelho segundo Jesus Cristo”, and kept on scratching my head with “The stoneraft” or “A jangada de pedra”.

As I heard the news, I could not help thinking about “Death at intervals” or “As intermitências da morte”. Death will not be sitting alone in her chilly apartment with scythe and filing cabinets anymore. Saramago will be there telling her all his marvellous stories. If only she had come yesterday to start her tantalising experiment, just for a few days, and so the next day nobody would have died, including Saramago.

I shall be honest and confess that I am writing this with tears in my eyes…

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Laguna Mental

Un pescador sacó de una laguna un pez raro y misterioso no clasificado aún por la ictiología, de inmensa belleza y que afortunadamente logró conservar vivo.
Primero causó sensación en el pueblo. La noticia pronto corrió, y de diversos lugares llegaron especialistas interesados en adquirir o al menos estudiar el raro ejemplar. Finalmente lo adquirió una firma americana para un conocido acuario.
El pez, sin nombre aún, fue sometido a estudios de científicos de diversas disciplinas.
Un zoólogo lo definió como Artisticus Aquas.
Un ictiólogo dijo que era un simple C. Ornatissimus muy desarrollado.
Un neuropsiquiatra aseguró que no era sino una idea fantástica extraída de la laguna mental de un genio.

Gustavo Meza

La Casa de Asterión – Jorge Luis Borges

Transcribo aquí un cuento del genial Jorge Luis Borges. Espero lo disfruten tanto como yo.

Saludos.

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro, Biblioteca, III,I

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol;. abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.

¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.